Mirtha Aizama

A pesar de haber nacido hace 60 años en San Salvador, Mirtha Aizama se crió en el conurbano bonaerense. Cuando era chica, su familia dejó la capital jujeña y se instaló en Alejandro Korn, donde su padre consiguió trabajo como albañil.

En la adolescencia Mirtha se presentó con su madre en un taller que buscaba modistas. Ninguna había estado antes frente a una máquina de coser. “Somos aprendices”, dijeron. Y consiguieron el trabajo.

Muchos años más tarde volvió a Jujuy y acompañó a Milagro en la creación de la Tupac Amaru. Al igual que la mayoría de las mujeres de la organización, coordinó una copa de leche. Después, cuando comenzaron a construir viviendas, pasó a ser encargada de obra. Hasta que Milagro le pidió que se hiciera cargo de la fábrica textil que estaban creando en el barrio de Alto Comedero. “Fue lo mejor que me podía pasar”, recuerda hoy en el comedor del penal de mujeres donde está detenida. La acusan de asociación ilícita, extorsión y fraude a la administración pública.

En el taller, que llegó a tener 120 empleados, fabricaban desde delantales, pantalones y camisas de trabajo hasta ropa blanca y de fiesta, pasando por carteras, trapos de piso, tapices y vestimenta de niños. La fábrica ya no existe. Tras la intervención judicial, fue clausurada y saqueada.

 

Con presos políticos no hay democracia.

Hoy es ella. Mañana podés ser vos.

Firmá la petición.

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